-Consideraciones finales-.
Para terminar creo necesario recalcar que me resulta sumamente difícil pensar en las Relaciones Internacionales como disciplina preocupada únicamente de la seguridad nacional. Como hemos visto, la Nación es una amalgama débilmente constituida, que atraviesa por una seria crisis de representación. Los Estados, dueños del otrora único camino para el entendimiento entre naciones, son cada día menos capaces de revertir las injusticias sociales que profundizan las brechas existentes desde la Colonia. Ante esto surge la pregunta ¿De qué Nación nos hablan cuando se habla de seguridad nacional? ¿A quien representa el Estado cuando dice perseguir este fin? Si buscamos respuestas en la historia nos toparemos con verdades paradigmáticas. En las guerras casi siempre se persiguen beneficios económicos, políticos o estratégicos que por lo general no aseguran más que el bienestar de un porcentaje ínfimo de la población, al tiempo que gran cantidad de hombres y mujeres (“extrañamente” los más desposeídos) son sacrificados en nombre de la patria. ¿Seguridad nacional? No hay ni habrá seguridad para nuestros pueblos (que es lo que se debería buscar cuando se habla de seguridad nacional) mientras persistan las injusticias sociales, mientras existan los ciudadanos de primer, segundo, tercer nivel y los no ciudadanos. Las Relaciones Internacionales deben tener como fin último ayudar a consolidar las alianzas regionales que faciliten el transito hacia sociedades más justas. Pero si queremos construir múltiples puentes hacia el exterior que permitan avanzar en esa dirección, deben ser construidos en primer lugar hacia las profundidades del territorio nacional.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario