CARTA DEL DR. BELLO
A SUS HIJOS
Don Andrés y don Carlos Bello en viaje.
Octubre 20 de 1932.
Hijos queridos: Agradablemente sorprendido con su carta a la mamá y las buenas noticias que contiene, me uno a ella para contestarles, encartando ésta con la suya.
Lo que nos cuentan del principio del viaje es muy grato, los tratan bien los oficiales extranjeros, aún pagando poco a Uds. Deben corresponderles con sincera amistad sin olvidar mis encargos respecto de vino y juego. Copitas moderadísimas y de cartas nada, es muy peligroso y suele ocasionar muchos disgustos.
Parece que no se marean y me complace porque lo temía con el mar agitado del sur y la falta de costumbre. Pero la juventud vale mucho y la voluntad más.
Me contestó don Carlos Casanueva, ofrece mucho, pero si no les acomoda la pensión, disimúlenlo y agradézcanle mucho, visítenlo continuamente y den a toda la familia mil abrazos míos y de su mamá, óiganlo con mucha atención y hagan por seguir sus buenos concejos. A la señora Isabel trátenla muy cariñosos, es todo un corazón y un cerebro poderoso a pesar de los años.
Con los amigos independencia y lealtad y discreción; no los sigan en placeres tumultuosos o desordenados, excúsense aún con supuesta enfermedad.
En las aulas mucho interés y también discreción si no les agrada lo que es enseñan o no se acomodan al método, traten de todos modos de aprovechar y no perder ocasión de instruirse; Uds. Tienen materia prima, inteligencia les concedo bastante, pero es preciso aprovecharla. No presuman de ciencia, gánenla trabajando a fondo, modestos sin humildad, jamás falsos como los cobardes que viven de hipocresía.
Mucho los extrañamos, pero no me arrepiento de haberlos mandado, serán viriles como quiero, fuertes e independientes; entre nosotros hay muchos prejuicios que la vida en el extranjero les suprimirá como deseo.
Todos estamos sanos, felizmente la mamacita se ha calmado y poco a poco se conformará, escríbanle siempre, Uds. Saben como ella los quiere. Tu carta, Carlos es sentida y de corazón, la letra mala pero la dicción perfecta y con ideas y formas que revelan cerebro y aprovechamiento. Tú Andrés siento como nos quieres y esto es felicidad.
No olviden que mi ambición no es que sean profesionales solamente, los quiero distinguidos, geniales si es posible y para ello precisa mucho esfuerzo. El genio es trabajo, constancia, voluntad, nada más. Recuérdenlo.
Hechos los gastos de entrada, pagadas las matrículas y todo lo extra que impone instalarse, hagan su presupuesto, acomodándose a lo indispensable para calcular lo que necesitarán cada mes sin miseria ni largueza, Uds. Saben que no puedo mucho y avísenme para prepararme. Como buenos hijos, actúen como estando con nosotros, gobiérnense con todo juicio y no se dejen sugestionar.
Tengo fe en Uds. No me defraudarán, los quiero mucho y por mi cariño sabrán ser correctos, caballeros y serios. No desdeñen la religiosidad, harían sufrir a su madre y perderían muchos consuelos en la vida. No les digo más. Deben volver sanos y para esto otras preocupaciones son necesarias y las han de tomar.
Esta carta les parecerá un sermoncito laico, disimulen a su padre que insista en consejos y advertencias; de cerca o de lejos me preocupo por su porvenir y felicidad. Los consejos de padre aparentan siempre cierto dogmatismo pero contienen afecto y buena voluntad únicos. He de ser atendido.
No nos olviden, conmigo usen siempre toda franqueza y verdad, en mi corazón tienen un lugar preferente, los quiero mucho.
Afectuoso y estrecho abrazo para los dos.
Eduardo Bello.